MARCO TEORICO
EL SENTIDO POLITICO DE LA EDUCACIÓN POPULAR
Durante mucho tiempo, en América Latina y en Chile en particular, la Educación Popular se presentó como un campo para una acción política y de movilización social que, en otras esferas aparecía como clausurada por la acción represiva de diversos regímenes de gobierno autoritario.
El discurso corriente en boca de una gran cantidad de educadores populares identificaba
fácilmente la actividad educativa con la del camino social más o menos estructural de nuestras sociedades, al punto de señalarse pasos más o menos esquemáticos y mecanicistas mediante los cuales la acción educativa produciría «sujetos políticos» solidarios, los que adquirirían conciencia de clase, requisito indispensable para la organización popular y el cambio social.
Han cambiado los tiempos y los discursos, y el pueblo sigue esperando de la Educación Popular algo que, al parecer, la educación formal no le da y, por cierto, sigue esperando el cambio de sus condiciones de vida, en muchos casos más desprestigiada hoy que hace una o dos décadas atrás.
La Educación Popular, por otra parte, fue adquiriendo una mayor madurez y una acumulación metodológica y teórica, más o menos independiente de sus objetivos más trascendentes de tipo político y social. En la actualidad existe una fuerte corriente de educadores populares más centrados en una filosofía educativa y en el desarrollo de métodos y técnicas activas, que muchos ven con gran esperanza, como la semilla de una renovación pedagógica que podría, incluso, llegar a penetrar en la escuela para transformarla.
Sin embargo esa tendencia al interior de la Educación Popular (en Chile), ha significado tomar caminos diferentes. El fortalecimiento de una concepción más propiamente educativa llevó a algunos a considerar que el campo prioritario para ponerla en práctica era el del Sistema Escolar; de ahí que muchas iniciativas se han llevado a la práctica a través de programas al estilo del llevado por el Ministerio de Educación dirigidos a las escuelas de comunas calificadas como de extrema pobreza.
Por otra parte al interior de esa misma línea hubo otros que optaron por potenciar la dimensión educativa desde una inserción social fuera de los espacios institucionalizados. Ello no significaba negar la posibilidad de incursionar en el terreno oficial, sino más bien fortalecer lo propio y desde ahí hacer los aportes correspondientes. No se trataba sólo de incorporar procedimientos metodológicos, sino cómo éstos expresaban una concepción de persona y sociedad críticas y de cuestionamiento de las bases que fundamentan el modelo de desarrollo actual. Por eso, para esos grupos, era necesario mantener los espacios sociales autónomos de las estructuras estatales. Tal vez, por lo señalado, es que no han faltado los educadores populares descontentos con el giro que ha ido tomado la Educación Popular en esta coyuntura. A muchos les gustaría verla recogiendo las antiguas banderas de la concientización y del cambio social y político.
Por supuesto que la lógica de muchos de ellos es la de querer aportar desde esas esferas y en forma mucho más intensiva y extensiva la experiencia que adquirieron antes. Sus críticos, por el contrario, los ven renunciando a una acción de compromiso cara a cara con la gente y perdiéndose en una selva burocrática que los hará ineficaces.
De ahí que en un proceso de transición a la democracia, como el que inició nuestro país, adquiere enorme importancia proyectar lo acumulado por la Educación Popular, en lo que concierne a participación y organización.
Esto quiere decir que a las experiencias de Educación Popular de estos años no se las podrá juzgar por el número de personas atendidas, ni por la profundidad de las transformaciones a que ella ha dado lugar, sea en el ámbito de las conciencias individuales o de las condiciones de vida de los grupos populares. Más bien, el juicio crítico acerca de sus logros y resultados, deberá tomar en cuenta la calidad y cantidad de conceptos y temas que ella ha introducido en la práctica popular y en el fortalecimiento de las organizaciones.
Si uno de los objetivos que hoy está planteado a nivel nacional, es el de lograr una mayor presencia de las organizaciones poblacionales, culturales, laborales y otras en la vida política y social del período de transición que se vive en Chile, pensamos que la Educación Popular puede y debe seguir entregando su valioso aporte, para estimular la capacidad de autogestión de grupos a nivel local.
Sin embargo, una tendencia predominante, en ciertos sectores, ha sido olvidar aspectos referidos al rescate de la experiencia de organizaciones y de luchas a nivel local, territorial o más acotada a la que los actores dan origen; en beneficio de consideraciones más ideológicas o abstractas.
Mirando con los ojos de hoy existe un juicio que cada día es más coincidente entre los educadores populares. Ello está relacionado con las dificultades y tensiones que se producen entre los ámbitos sociales y políticos.
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