LA PROPUESTA PEDAGOGICA. ESTILOS DE CONDUCCION. FORMACION DE EDUCADORES
Una preocupación creciente en las organizaciones, es el sentido educativo que tienen las acciones que ellas desarrollan. Uno de las declaraciones que con frecuencia escuchamos se refiere a la necesidad de “crear conciencia” sobre una determinada situación o circunstancia. Es ahí donde las organizaciones se plantean como procesos educativos que buscan generar cambios y que explícitamente señalan que buscan producir una nueva conciencia; sin embargo cabe preguntarse si hoy el problema es de conciencia o más bien es de la inexistencia de proyectos alternativos al imperante a nivel mundial.
Volviendo a lo dicho, el quehacer de la Educación Popular tendría que representar una propuesta pedagógica que asumiera cuestiones tan centrales como: el rol del educador, el papel del conocimiento, la relación del aprendizaje con la acción y lo que ocurre con los sujetos del hecho educativo.
La dimensión educativa es un aspecto desde el cual la Educación Popular puede sentirse levantando una concepción maciza que dispute, en ese plano, con otras miradas y propuestas. Frente al tema de la participación social, de las estrategias de inserción en sectores pobres, en las acciones de trabajo con adultos y en generar respuestas a las interrogantes educativas de los jóvenes de sectores populares, es importante conformar una concepción propia y fortalecerla con iniciativas de acción concretas.
En el pasado reciente la Educación Popular asumió la enorme tarea de abrir nuevos espacios. Fue allí donde la Metodología Participativa se constituyó en un medio para impulsar el desarrollo personal y la auto valoración de los participantes para que llegaran a sentirse PROTAGONISTAS del hecho educativo, en un ambiente que anunciaba lo que podría ser una atmósfera democrática más amplia. Fue allí, en nuestro concepto, donde se recreó el rol del educador. Se habló de un facilitador de procesos colectivos de aprendizaje, mediante la expresión y participación activa de los educandos. La expresión concreta de ese camino fueron las herramientas, los materiales e instrumentos educativos, a través de los cuales se pusieron en acción esos procesos educativos.
Allí se constituyó un conjunto de técnicas que hoy vemos emplear en diversos programas oficiales.
Hoy, más que ayer, es tarea ineludible para un educador, el aportar elementos que hagan crecer en automonía y protagonismo, a los grupos con los que trabaja. Por lo tanto es básico formar educadores en esa perspectiva.
Una preocupación creciente en las organizaciones, es el sentido educativo que tienen las acciones que ellas desarrollan. Uno de las declaraciones que con frecuencia escuchamos se refiere a la necesidad de “crear conciencia” sobre una determinada situación o circunstancia. Es ahí donde las organizaciones se plantean como procesos educativos que buscan generar cambios y que explícitamente señalan que buscan producir una nueva conciencia; sin embargo cabe preguntarse si hoy el problema es de conciencia o más bien es de la inexistencia de proyectos alternativos al imperante a nivel mundial.
Volviendo a lo dicho, el quehacer de la Educación Popular tendría que representar una propuesta pedagógica que asumiera cuestiones tan centrales como: el rol del educador, el papel del conocimiento, la relación del aprendizaje con la acción y lo que ocurre con los sujetos del hecho educativo.
La dimensión educativa es un aspecto desde el cual la Educación Popular puede sentirse levantando una concepción maciza que dispute, en ese plano, con otras miradas y propuestas. Frente al tema de la participación social, de las estrategias de inserción en sectores pobres, en las acciones de trabajo con adultos y en generar respuestas a las interrogantes educativas de los jóvenes de sectores populares, es importante conformar una concepción propia y fortalecerla con iniciativas de acción concretas.
En el pasado reciente la Educación Popular asumió la enorme tarea de abrir nuevos espacios. Fue allí donde la Metodología Participativa se constituyó en un medio para impulsar el desarrollo personal y la auto valoración de los participantes para que llegaran a sentirse PROTAGONISTAS del hecho educativo, en un ambiente que anunciaba lo que podría ser una atmósfera democrática más amplia. Fue allí, en nuestro concepto, donde se recreó el rol del educador. Se habló de un facilitador de procesos colectivos de aprendizaje, mediante la expresión y participación activa de los educandos. La expresión concreta de ese camino fueron las herramientas, los materiales e instrumentos educativos, a través de los cuales se pusieron en acción esos procesos educativos.
Allí se constituyó un conjunto de técnicas que hoy vemos emplear en diversos programas oficiales.
Hoy, más que ayer, es tarea ineludible para un educador, el aportar elementos que hagan crecer en automonía y protagonismo, a los grupos con los que trabaja. Por lo tanto es básico formar educadores en esa perspectiva.
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